Nosotros somos dos seres imperfectos, cuyas almas vagaban por el mundo buscándose la una a la otra. Y una vez que nos hemos encontrado somos como las piezas de un puzzle, las manecillas del reloj, el ying y el yang, el ding y el dong, el salero y el pimentero, las dos mitades de la misma naranja o, cuando estamos de malas, del mismo limón.
Eso somos nosotros.